Gabriela Torres


 

“Siempre soy de que creer que las buenas acciones, vuelven”, es la frase que lleva Gabriela Torres como bandera. A sus 33 años, y con dos hijos, Gabi supo como reinventarse, con esfuerzo y dedicación, en un momento difícil de su vida, sin dejar de ayudar ni de pensar en los demás.



Vivió sus primeros años en Bella Vista, sin embargo San Miguel de Tucumán es el lugar en el que atesora sus recuerdos más felices de la infancia. “Pese a que éramos humildes, casita de madera, galería con chapas y cartón, yo era feliz. Todo el día jugaba con mis vecinos, trepada en los árboles”, cuenta.



Hace unos meses, Gabriela quedó sin trabajo, fue el final de casi tres años a cargo de la cantina de una escuela, y para ella fue un volver a empezar. “Lloré demasiado porque amo a los chicos, me encariñe mucho, los escuchaba, hablábamos. A partir de ese momento estaba en una laguna total, no podía ver más allá de lo que me estaba pasando; ver mi heladera vacía, mis herramientas de trabajo sin usar”, recuerda.





 

Un día en que la necesidad apretaba, Gabi recibió un abrazo de su hermana, y con él las palabras que la levantaron: “no llores porque algo vamos a hacer”.



Tres meses después de aquel día, las dos hermanas obtienen sus ingresos económicos vendiendo pan con semillas a partir de una receta que encontraron por internet y su emprendimiento crece día a día. “Es un pan que se hace diariamente, es muy sano por las semillas y su preparación, es un pan trabajoso pero se lo hace con amor y con paciencia”, cuenta.




 


 

Entre tanto esfuerzo y dedicación, Gabriela no deja de lado su otra pasión: llevar una sonrisa a los chicos y un plato de comida a las personas en situación de calle. “Ser payamédico era algo pendiente que teníamos con mi hermana hace mucho tiempo. Me encanta llevar una sonrisa sobre todo a los pequeños, me gusta trabajar con ellos, son personitas que no tienen maldad y que disfrutan cuando nos ven vestidas con todos nuestros colores y desdramatizarmos un poco el ámbito hospitalario”. Además, Gabi es voluntaria en la Fundación Plato Caliente.“Si bien uno puede pasar necesidades, es más importante el que está afuera, que no tiene para comer, que no tiene como nosotros un lugar para dormir, una cama, una colcha, un lugar que te cobije. Es lindo preparar la comida para ellos, salir a repartir y acompañarlos para que no se sientan solos”.


Gabriela representa la superación y el trabajo incansable ante la adversidad; pero cuando se viste con su nariz roja y su pelo turquesa, Colorina Cornina emerge para dar paso a la risa, a la fantasía y al humor para hacer felices a los demás.

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