Abel Ríos

 

A 8 kilómetros de Colalao del Valle y con una altura de 2200 metros sobre el nivel del mar, el Pichao se levanta entre añejos nogales y árboles frutales al pie del cerro Negro.



Abel Ríos, como la mayoría de las 70 familias que viven en el lugar, se autoabastece con sus ganados, la cosecha de la nuez y la elaboración de dulces artesanales. “El trabajo con los nogales viene desde hace muchísimo tiempo atrás, desde mi abuelo, mi bisabuelo; ellos ya han tenido nogales”, cuenta Abel, quien vive junto a su esposa y sus tres hijos en este pueblito de calles de ripio y pimientos secando al sol.




 

El clima seco, la amplitud térmica y las bondades del suelo, conforman un escenario ideal para la plantación de árboles frutales que los habitantes de El Pichao saben aprovechar tanto como para consumo personal como para la venta. “Toda la gente tiene frutos, sea membrillo, higo, pera, manzana y cayote. El que tiene fruta hace dulces, eso es lo que se hace en mi pueblo”, explica.



Abel se encarga con dedicación del cuidado de sus nogales, de la cosecha y la poda; mientras que, los demás integrantes de la familia, de la clasificación de las nueces, paso previo para su comercialización. “Acá el nogal es orgánico, lo tenemos que abonar, cuidar, que no le haga falta nada. Es como una persona, requiere de todo para que este bien y te pueda dar una buena cosecha”, cuenta.



 

 

Durante la segunda semana de febrero, El Pichao se prepara para el Festival del Dulce Artesanal y recibe a cientos de turistas que asisten para disfrutar de la producción de dulces, el folclore y las destrezas gauchas.



La tranquilidad del lugar, la amabilidad de su gente, el clima bondadoso, hacen de El Pichao un lugar encantador. “Cuando vienen los turistas se enamoran de mi pueblo por el respeto, por el clima y el paisaje que tiene. Hay familias que tiene hospedaje con todas las comodidades. Los invito para que vengan a El Pichao, no se van a arrepentir”, finaliza.



 
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